Aunque algunas veces se hace alarde de la unión sexual como la cima de la sociedad conyugal, a menudo se deshace en un mar de lágrimas o se quiebra en un acceso de ira. En ningún otro aspecto de una relación íntima son más activos los significados simbólicos y contribuyen a la ansiedad, la desilusión el desamor y el enojo. Una esposa, por ejemplo, puede sentirse contrariada por no satisfacer a su marido. Puede preocuparse por no complacerlo al no querer tener relaciones con tanta frecuencia como él desea, y puede tener la creencia (algunas veces reforzada por el marido) de que es sexualmente inadecuada.
Un marido, a su vez, puede preocuparse porque su capacidad sexual está disminuida y porque su mujer menoscaba su virilidad. Esta preocupación sobre su habilidad en este terreno puede conducir a una disfunción sexual.
Los problemas característicos se centran sobre la frecuencia, oportunidad y calidad sexual. Cada uno de éstos contiene -y a su vez está afectado por- significados simbólicos. Maridos y esposas a menudo difieren respecto de la frecuencia y del momento en que se han de tener relaciones sexuales. La frecuencia y el momento adecuado pueden tener fu significado simbólico.
"Tener relación sexual cuando lo quiero” puede significar, para el marido, ser amado, mientras que para la esposa, ''brindarle sexo cuando él lo quiere" puede significar estar dominada o ser usada por él.
Insistir en relación sexual con más frecuencia de lo que el otro cónyuge desea puede sugerir las mismas expectativas exigentes y expresión de derecho, acerca de las interacciones diarias. Un cónyuge (Len, por ejemplo) creerá que tiene derecho a tener relación sexuales cuando lo pida, en tanto su mujer (Harriet) quizás espere manifestaciones preliminares de afecto y ternura.
A menudo, el sexo implica orgullo. El concepto de esposa sobre su femineidad y la opinión de un marido sobre su masculinidad muchas veces dependen de lo receptivo que sea el cónyuge. Una esposa, casi siempre, se sentía abrumada cada vez que su marido rechazaba sus insinuaciones. Siempre se había enorgullecido de ser sexualmente atractiva para los hombres, y la aparente indiferencia de su marido era considerado como un agravio.
Un marido se sentía exasperado por la falta de entusiasmo de su mujer por el sexo y la insensibilidad demostrada por ella durante el acto sexual. Para él, ese comportamiento le sugería que "no era un hombre".
El exceso de significados perjudica la situación de ambos, La sensación de intimidad, una aceptación total y el placer reciproco pueden servir para conectar a una pareja: la disminución del sentimiento amoroso, de la intimidad y aceptación pueden debilitar la pasión.
Si el deseo sexual y por consiguiente, la actividad sexual decae, el mensaje simbólico se interpretará como una pérdida de intimidad y amor. Esto establece un círculo vicioso: una pérdida de sentimientos recíprocos conduce a una disminución de la atracción sexual y de la satisfacción, lo que además socava la reciprocidad.
Los cónyuges pueden comenzar a pensar acerca de los exagerados epítetos que aplican -tales como "obsesivo sexual", "frígida", desconsiderado", "indiferente"- cuando la frecuencia, el tiempo o la calidad del sexo resulta decepcionante. Cuando las cosas se calmen, pueden evaluar la validez de esos epítetos - y de pensamientos como ''Ella usa el sexo como un arma" o “Eso es lo único que le interesa".